EL INFORTUNIO DEL ARSENAL

Durante noventa y tres años, el equipo del distrito londinense de Highbury jugó muchas tardes en un pequeño estadio que daba cabida a pocos menos de cuarenta mil aficionados. En 1913 se levantó el estadio del Arsenal Football Club -más conocido como el Highbury-, pero fue en sus últimos años cuando más brilló su fútbol gracias a la labor de Wenger.

La liga de los invencibles

Una primera etapa de juego, la que va de su llegada a la liga de los invencibles, se caracterizaba por el contragolpe y un fútbol de toque vertical cuyo juego aprovechaba los espacios de los jugadores en zona. Jugadores como Dennis Bergkamp, Robert Pirès, Ljunberg o Thierry Henry eran temibles cuando se acercaban al área rival.

El Arsenal de la liga de los invencibles

La segunda etapa de Wenger en el Arsenal coincide con la última temporada en Highbury. La decisión de dejar marchar a Patrick Vieira a Italia en beneficio de Cesc Fàbregas -por entonces una futura promesa- supuso un cambio en el ritmo de juego del equipo. En seguida el público pudo contemplar el juego más exquisito que se había visto en Inglaterra. Esto coincidía con el renacer de un Barça -con Ronaldinho a la cabeza- en España y Europa; ambos equipos tomaron el testigo del denominado ‘fútbol total’ que pondrían en órbita al resto del fútbol durante los años siguientes.

Este Arsenal tan solo tenía que levantar un trofeo internacional

Àrsene Wenger ya no tenía nada que demostrar en Inglaterra. El fútbol de su equipo había enamorado a muchos ingleses, incluso a aquellos aficionados que entendían el estilo de juego rocoso y efectista de siempre como el único fiable. Pero, como dijo una vez Cruyff, el fútbol siempre debe ser un espectáculo. Así que el tiempo le ha dado la razón a este señor, ya que actualmente los equipos de la Premier League estilan el mencionado fútbol total.

De modo que este Arsenal tan solo tenía que levantar un trofeo internacional para que los escépticos ingleses reconocieran que tenía futuro jugando como un club continental. Hasta la temporada 2003/04 -la de los invencibles-, la incursión del Arsenal en Europa fue irregular. Acumulaba una final de Copa de la UEFA perdida contra el Galatasaray turco en la temporada 1999/00 y sucesivas eliminaciones previas a cuartos de final de Champions League durante esos años. Su luz se apagaba cuando defendía su estilo por Europa.

Pero, precisamente la temporada en que Wenger apostó por un fútbol más pausado y vistoso, entonces obtuvo mejores resultados. Veteranos en el vestuario como Bergkamp, Ljungberg o Pirès sabían que su sueño de alcanzar una final de Champions sería cada año que pasaba más remoto. Se habían sumado nuevos talentos como Reyes, Van Persie o Hleb, así como el mencionado Fàbregas, y el equipo comenzó a brillar. Además, era una manera de terminar un ciclo fantástico con un título continental, dejando atrás el mítico Highbury. Durante esa temporada, el Arsenal vistió una camiseta morada y no la roja con detalles blancos. Así que lo histórica que iba a ser la temporada 2005/06 no era solo por el cambio de estadio; es decir, el feudo de Highbury iba a traer muchas sorpresas antes de echar su cierre.

En Champions realizó una gran fase de grupos sin perder un solo partido

En liga el Arsenal bajó el rendimiento, también propio del desgaste y la generación de nuevos competidores poderosos como el Chelsea de Mourinho y Abramovich o el ‘Spanish’ Liverpool de Rafa Benítez, además del hegemónico Manchester United de Ferguson. Pero en Champions, tras realizar una gran fase de grupos sin perder un solo partido, se plantó en octavos de final contra el Real Madrid.

Una contra letal desde medio campo de Henry en la ida dejó sentada a toda la defensa silenciando el Bernabéu. Ya no hubo más reacción por parte del Real Madrid en la vuelta. En octavos despacharon con relativa facilidad a la poderosa Juventus de Capello en Highbury. Ya en semifinales, otro gran partido en Londres contra el Villarreal -la otra sorpresa de esa edición- y un fatídico penalti fallado en la vuelta por Riquelme a minutos del desenlace final hicieron posible la gesta del Arsenal.

La mala fortuna cayó sobre el Arsenal

Sin embargo, lo que parecía que iba a ser una final muy igualada contra el Barcelona, en el minuto 18 la mala fortuna cayó sobre el Arsenal. El portero Lehman salió de su área con todo su largo cuerpo evitando que Eto’o pudiese disparar, pero con la imprudencia de agarrarlo fuera del área, lo que se convirtió en su expulsión y condicionó el resto del partido jugando el Arsenal con diez. Wenger sentó a Pires para colocar en la portería al español Almunia. Pero, inesperadamente, un cabezazo de Campbell, el histórico líder en la defensa del Arsenal, puso por delante a su equipo en la final. Hasta que en los minutos finales del partido dos jugadas de libro, de esas que nunca se olvidan, permitieron al Barça remontar y llevarse el ansiado trofeo a la gloria.

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Perder así, con la miel en los labios, fue desalentador. Muchos de los líderes del vestuario se retiraron o cambiaron de proyecto. El cambio al Emirates Stadium, con mejores instalaciones, hipotecó al Arsenal para volver a la senda del éxito. Tardó diez años en levantar un título. Wenger mantuvo intacto su modelo de juego, que siguió desarrollando con buen gusto, aunque sin éxito. Pero, al menos, los aficionados del Arsenal podían sentirse orgullosos porque el fútbol que se practicaba en su barrio era bonito y sería recordado por siempre.

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