EN EL LEICESTER CITY LA PIZZA TUVO SU PREMIO

A Claudio Ranieri se le conoce con el apodo de il padrino en los asideros del fútbol. Romano de nacimiento, como el antiguo imperio, conquistó al público de ciudades europeas con la entrega de sus guardias pretorianas sobre el césped. Su labor como técnico deportivo fue esencial para lograr grandes gestas con el balón como protagonista. Con él, el Valencia, C.F. inició su mejor época hasta la fecha. Lo del Atlético de Madrid fue un palo muy gordo. Después, en el Chelsea, construyó un equipo fuerte que no pudo culminar con título. En el Leicester City, sin embargo, reunió los ingredientes necesarios para amasar y hornear una pizza que tenía premio. Su mayor hito, conquistar la Premier League con el equipo más modesto.

Claudio Ranieri retó a sus jugadores del Leicester City

Al igual que el entrenador, la pizza es una receta de comida que procede de Italia. Desde su origen, ha conquistado el paladar humano. Ahora es un plato universal, que ha recorrido el mundo entero y se ha adaptado a todas las culturas. Además, su preparación puede ser artesana e industrial. Tanto si la pizza es congelada o precocinada, como si la pides recién hecha en el restaurante más exquisito, es irresistible. Como antes de ser fraile fue cocinero, Claudio Ranieri retó a sus jugadores del Leicester City. Tenían que mantener la portería a cero en liga en cada partido. A cambio, il padrino prometió invitarles a una pizza si cumplían su deseo. Deliciosa propuesta para unos hombres que tienen casi prohibido la ingesta de alimentos grasos. En la dieta se encuentra gran parte del éxito deportivo.

Resumen de la histórica temporada 2015/16 del Leicester City

Al terminar la temporada 2014/15, el club fichó al entrenador romano con la expectativa de conseguir la permanencia una temporada más en primera división. La temporada recién terminada había sido un desastre. Nigel Pearson logró reconducir un equipo al borde del abismo, salvándose el equipo del descenso tras ocupar los puestos más bajos de la tabla durante todo el año. Su propietario, el multimillonario tailandés Vichai Srivaddhanaprabha, no quería asumir más riesgos. Y apostó por contratar a un entrenador experimentado. Claudio Ranieri volvía al fútbol inglés tras su paso con buenos resultados por los blues de Londres. En esta ocasión, un inicio fulgurante para un equipo modesto animó a Ranieri a creer en ellos. Acabó pagando la pizza en trece ocasiones esa temporada.

Su pizza no necesitó tantas vueltas

El club apenas se reforzó en el mercado de fichajes tras contratar a Ranieri. Se conformó con lo que había en el armario, adquiriendo alguna que otra prenda que resultaría esencial, como Okazaki o Kanté. Este jugador francés, por ejemplo, de posición centrocampista, llegó de la Ligue 1 sorprendiendo a todos. Parecía tener pulmones hasta en los tobillos, robaba todos los balones y se atrevía a golpear de lejos a la portería rival. Así que Ranieri se puso manos a la obra para dibujar el esquema en la pizarra y convencer a sus pupilos con su estrategia. Básicamente, su fútbol no era vistoso, más bien aguerrido. Porque esa es la clave en su fútbol. No hay complicaciones en su elaboración. La receta de su pizza no necesitó tantas vueltas para amasarse y salió muy sabrosa.

La pizza de Ranieri en el Leicester City salió perfecta

Su mejor época fue en los noventa, comenzando en la Fiorentina, donde consiguió un ascenso a la serie A, así como una Copa de Italia. Después en Valencia creó un equipo peligrosísimo que sería recordado durante años, hasta que su secuela no funcionó. En Stamford Bridge la afición le consideró el número uno hasta que Abramóvich contrató a un tal José Mourinho. Iniciada esta década hubo más decepciones que triunfos en Turín o Mónaco. En Leicester impuso su libreta con jugadas de contraataque rápido y presión en campo propio, aprovechando los espacios que los sistemas de los rivales dejaban. Utilizaba dos centrocampistas, Drinkwater y Kanté, delante de la defensa. Los laterales, Simpson y Fuchs, jugaban replegados, ayudando más en defensa que en ataque. El juego era claramente de corte defensivo; permitiendo al desequilibrante Mahrez ser el enganche perfecto que combinara con los delanteros Vardy y Okazaki.

El milagro del Leicester City

Al inicio de la temporada, las cadenas de apuestas deportivas pagaban cinco mil libras a una por que el Leicester City ganase la Premier League. Un joven osado, en un instante de lucidez o locura, decidió dar un voto de confianza al equipo de su ciudad apostando cincuenta libras. A falta de varias jornadas por jugarse, el apostante recibió la llamada de la casa donde había comprado el boleto para negociar con él la prima. Recibió finalmente casi cien mil libras, lejos de los más de trescientos mil que podría haber ganado de no haber titubeado. Al menos obtuvo un buen pellizco por creer de buena fe cuando su equipo era el menos valorado. Pero, como todo en la vida, la fe no garantiza nada. Todo depende de la ciencia y la técnica, del esfuerzo de las personas, unido a factores como las circunstancias del entorno.

El milagro del Leicester City

La suerte es el último empujón, aunque decisivo, para alcanzar el éxito. Por eso, que los grandes clubes ingleses no rindieran esa temporada como se esperaba de ellos no puede menospreciar la escalada del Leicester City. Claudio Ranieri amasó una base sólida atrás, añadió los ingredientes para que el juego tuviese buen sabor y los goles fueron la guinda del pastel. En un tiempo récord obtuvo los resultados más eficientes para llevarse su porción de pizza. Y los aficionados al fútbol disfrutamos. Catalogado como el milagro del Leicester City, realmente fue una conjunción perfecta que los Foxes aprovecharon. Ganar un campeonato regular cada vez es más difícil para los clubes modestos, y más todavía la Premier League. Pero en alguna ocasión ocurre. En 2016 el equipo de Claudio Ranieri lo mereció dignamente. El reto de la pizza, desde luego, tuvo su premio.

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