CLORA BRYANT: QUERIDO PRESIDENTE DE LA URSS

Hace mucho tiempo que el jazz pasó a ser solo música de élites. O de nostálgicos. No obstante, algunos de los festivales de música más importantes del mundo en activo se fundaron con motivo del jazz. Ahí están el de Montreal, el de Nueva Orleans o el de Vitoria-Gasteiz. El jazz es música de raíces, que después ha ido moldeándose como materia académica. Pero es innegable su inmortalidad. La sensualidad de Chet Baker, Nat King Cole o The Rat Pack. El virtuosismo de Charlie Parker y John Coltrane al saxo, o Miles Davis y Dizzy Gillespie con la trompeta. Al igual que el rugido de Billie Holliday, Ella Fitzgerald y Nina Simone. Entonces, el jazz era popular, y todo el mundo lo bailaba. Como también fue clave para tender puentes entre culturas. Clora Bryant, cantante y trompetista de jazz que deslumbró al rey del bebop, bien lo supo ver.

Clora Bryant sabía tocar la trompeta con sentimiento

El rey del bebop no era otro que Dizzy Gillespie. Su forma característica de tocar la trompeta -curvada hacia arriba por accidente-, hinchando sus mofletes extremadamente. Parecían almacenar cuatro mandarinas en su interior. Su figura, desde luego, fue esencial en los años cuarenta junto a Charlie Parker, además de promover la música fusión afrocubana en la escena jazz. Pues bien, llegó a decir de Clora Bryant que, más allá de las notas, sabía tocar la trompeta con sentimiento. También dijo de ella que si la escuchabas con los ojos cerrados, podrías pensar que era un hombre. Hoy en día, esta declaración quedaría algo obsoleta y machista. Lo que querría decir seguramente es que desprendía mucha seguridad y confianza, así como agallas. No iban tan desencaminadas sus declaraciones, ya que Clora Bryant terminaría convirtiéndose en un hito de la historia de la URSS.

Dizzy Gillespie, con su característica forma de tocar la trompeta, era un declarado fan de Clora Bryant

La primera mujer artista de jazz en actuar en vivo para un festival de jazz en Moscú antes de caer definitivamente el sistema soviético. Un hito solo apto para quien logró el respeto de sus coetáneos más brillantes. En una época en la que la mujer solo podía tener talento para la voz, ella compartió escenario y grabó con su trompeta junto a Charlie Parker o el mismo Dizzy Gillespie. Ella estuvo en los fastos de los dioses de la música popular de los años cincuenta. Formó parte, además, de la primera banda de jazz compuesta únicamente por mujeres afroamericanas, la International Sweethearts of Rhythm. Así como del primer grupo musical de mujeres que apareció en televisión, The Queens of Swing/The Hollywood Sepia Tones. A la vanguardia siempre, aún fue madre de cuatro hijos, dos por matrimonio.

Escribir una carta al mismísimo Gorbachov

Durante la segunda mitad del siglo XX, tras la segunda gran guerra, el orden económico internacional se dividía en dos grandes bloques: el capitalismo salvaje de los EE.UU. y el vil comunismo de la URSS. Pero, llegados los ochenta, la economía bolchevique renqueaba, hasta tal punto que su por entonces líder político, Mikhail Gorbachev, inició lo que sería el fin de la superpotencia revolucionaria. El telón de acero por fin iba a levantarse. La perestroika fue la primera piedra para reajustar el modelo productivo económico. Este hecho supuso posteriormente el acceso de productos norteamericanos al mercado ruso. Los fabricantes se frotaban las manos con la nueva situación. Hollywood, eso sí, siguió explotando unos años más el asunto de la guerra fría, siendo el villano un hombre con acento eslavo.

El único álbum disponible de Clora Bryant

Este tiempo de apertura sirvió por supuesto como oportunidad para quien no había pisado suelo comunista. Aunque Clora Bryant había dejado de ser hace mucho tiempo joven, todavía tenía energías para viajar. Tenía experiencia haciendo giras mundiales, pero la URSS era un lugar que se le resistía. Así que al leer las noticias de este nuevo escenario decidió escribir una carta al mismísimo Gorbachov. Poco se sabe de quién consiguió que la misiva se entregara al destinatario, la cual contenía una petición personal. Ella afirmó en su momento que no hubo nadie, que simplemente se dirigió al domicilio del órgano político supremo. Pero lo que menos se esperaba seguramente era que recibiese respuesta del propio líder soviético. Una anécdota que pronto haría historia. A veces los deseos más difíciles de conseguir se cumplen. Y estos hechos lo ejemplifican muy bien.

Las palabras de Clora Bryant emocionaron al presidente soviético

No es que fuera una quimera, pero que una señora afroamericana, virtuosa de la trompeta y excelente voz, se escribiese con un líder de una potencia mundial era chocante. Sobre todo, si entre los protagonistas no existía relación remota alguna. Hay infinidad de ejemplos entre una cantante y un líder político o Jefe de Estado que acabaron en la alcoba. No esta vez, ya que la carta únicamente trató el asunto profesional. Dado el momento delicado por el que pasaba el país de recepción, que no quedase en agua de borrajas fue muy noble por parte de Gorbachov. Así que Mijáil, abogado de formación y, por lo visto, gran aficionado al jazz, aceptó la petición de Clora Bryant. Las palabras de Clora Bryant emocionaron al presidente soviético, que respondió en ruso ofreciéndole hasta cinco conciertos en Moscú y Leningrado.

Mijáil Gorbachov firmando un acuerdo bilateral con Ronald Reagan cuando lideraba la URSS

Con honorarios de mil rublos por concierto, dispuso de una orquesta, un intérprete y transporte entre Moscú y Leningrado. Eso sí, los billetes de ida y vuelta a su país no fueron sufragados. De este modo, Clora Bryant se convirtió en la primera artista de jazz en subir a los escenarios rusos cuando seguía siendo un lugar hostil para el mercado libre. Sin embargo, no hay material disponible sobre este acontecimiento. Apenas hay información sobre el lugar, fechas concretas ni testimonios. Clora falleció el año pasado a los 92 años de edad. Su vida fue larga e intensa. Marchitó con un legado de nueve nietos y cinco bisnietos. Y Gorbachov, casi nonagenario, ya no tiene vida pública. Pero esta anécdota sirvió para unir dos culturas, dos países enfrentados entonces. El jazz, en definitiva, es una fuerza magnánima. Es decir, que mejora nuestros oídos y nuestra comprensión humana.

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