JIMMY FLOYD HASSELBAINK: EL DESTINO MÁS AMARGO

Echando la vista atrás ayuda a poner en perspectiva los logros actuales. Lo que ha levantado Simeone es digno de ser uno de los mejores técnicos del fútbol moderno. Porque hasta su llegada al Atlético de Madrid, salvando alguna que otra temporada, el club deambulaba por la mediocridad. Y todo desde que entrara en crisis deportiva e institucional en 1999. Es bonito recordar gestas históricas del club de tus amores pero, para poner en valor estas, también es necesario no olvidar los fracasos. Y las decepciones. Como aquel partido que se jugó aquel 7 de mayo de 2000 en el estadio Carlos Tartiere. Quien tuvo en sus botas cambiar el destino más amargo fue Jimmy Floyd Hasselbaink.

Lástima que Jimmy Floyd Hasselbaink permaneciese una sola temporada en el club

El Atleti se jugaba la permanencia en primera división tras una temporada decepcionante. No es que dependiera de este partido la vida o la muerte pero, si conseguía la victoria, aguardaría esperanzas para salvarse. De todos modos, es injusto pensar que por este empate el club bajó al infierno. Simplemente, fue la última desdicha de un año horrible. Primero, un inicio irregular pese a tener una plantilla más que digna para competir lo más arriba posible. Después, la intervención judicial del club y el cese de todo el Consejo de Administración. Jesús Gil, el máximo accionista y presidente, ingresó en prisión preventiva por desviar dinero público del Ayto. Marbella al Atlético. Y cuentan que, desde su celda, pidió a sus jugadores que bajaran el ritmo para forzar su vuelta a los despachos del club.

Lástima que Jimmy Floyd Hasselbaink permaneciese una sola temporada en el club

Así, si el equipo arrancó la temporada con mal pie, disparó la racha negativa hasta hundirlo en el pozo. Sin embargo, había un jugador clave que evitó que el equipo se despeñara mucho antes. Y ese era Jimmy Floyd Hasselbaink, delantero holandés que llegó del Leeds United aquella temporada. Su fichaje suscitó muchas expectativas, ya que se trataba del máximo anotador de la Premier League la temporada anterior, con 34 tantos. En su presentación, Jesús Gil decidió cambiarle de nombre, ya que realmente se llamaba Jerrel Floyd. Desde ese momento, la prensa deportiva lo bautizó como Jimmy. Su portento físico y su capacidad para definir con gran acierto sus potentes disparos a la portería rival le granjearon pronto el cariño de la afición rojiblanca. Marcó 24 tantos, registro de pichichi. Lástima que Jimmy Floyd Hasselbaink permaneciese una sola temporada en el club.

El Atlético necesitaba ganar, ganar y ganar

El inicio del Atlético en Liga presagiaba una mala temporada, ya que en los primeros partidos encadenó tres derrotas consecutivas. Hasta que en la jornada 10 ganó 3-1 al eterno rival en el Bernabéu, y la cosa parecía remontar. En la memoria queda aquel golazo de Jimmy Floyd Hasselbaink. Pero fue un espejismo. Porque llegó el 22 de diciembre de 1999, y el juez Manuel García-Castellón, de la Audiencia Nacional, decretó la intervención judicial mediante auto. A partir de ahí, la inestabilidad se instaló en el vestuario rojiblanco. Porque el administrador judicial de la entidad actuó sin la opinión de los empleados. Con lo cual, el club se convirtió en una bomba de relojería… Que estaba a punto de estallar. Y así fue. Dicho y hecho. Los jugadores se plantaron ante Rubí, el administrador, y comunicaron su apoyo a la familia Gil después de amenazarles supuestamente con orden de prisión.

Jimmy Floyd Hasselbaink no pudo consolarse con la Copa del Rey

Así, en un tira y afloja, el equipo se desarmó. Claudio Ranieri, el entrenador al cargo, abandonó el barco en cuanto pudo, y Radomir Antic lo sustituyó. El 11 de abril de 2000, el juez Juan del Olmo levantó la administración judicial y Jesús Gil volvió a hacerse cargo del club. Además, nombró a Luis Romasanta como interventor para que autorizase todos los movimientos en la caja. Esta decisión llegó demasiado tarde. Porque seis derrotas y tres empates, además de la eliminación en octavos de Copa de la UEFA, dejaron al club al borde del abismo. A falta de tres jornadas por jugarse, el Atlético necesitaba ganar, ganar y ganar, así como esperar malos resultados ajenos.

El penalti fallido de Jimmy Floyd Hasselbaink

Hasta entonces, el club había jugado en segunda división durante los años treinta. Desde que se fusionó con el Aviación Nacional, disputó la primera división ininterrumpidamente, logrando convertirse en uno de los clubes más laureados. Así que la decepcionante temporada que se estaba disputando barruntaba un fatídico desenlace. El Atlético llegó a la jornada 37 con la obligación de ganar al Oviedo en su estadio, el Carlos Tartiere. En el partido de ida, en el Vicente Calderón, el equipo del Manzanares realizó su mejor partido, ganando 5 a 0. Un antecedente que hacía mantener la esperanza, aunque mínima, de salvarse. Estaba a 8 puntos de distancia de la salvación, que la marcaba precisamente el Oviedo. Ganar significaba recortar puntos de diferencia, y seguir esperando un milagro.

Fatídico desenlace para una temporada para olvidar en el Atlético de Madrid

No llegó. Primero, porque el Oviedo ganaba por dos goles pasada la hora de juego. Sin embargo, como siempre ocurre en este club, el equipo lucha hasta el final. Y así, consiguió empatar el partido con dos cabezazos. El segundo de Jimmy Floyd Hasselbaink, que dio oxígeno para afrontar el tramo final. Entonces, en una jugada clara de gol, Jimmy Floyd Hasselbaink fue derribado dentro del área. El árbitro señaló penalti en el minuto 84. De modo que el Atlético se la jugaba. Esteban, el portero rival, decidió perder tiempo con su colocación y fue amonestado. La presión convertía ese instante en una eternidad. Los nervios estaban a flor de piel. No ayudaba al lanzador, el mismo Jimmy Floyd Hasselbaink. Finalmente, remató al palo izquierdo, algo centrado y a media altura, lo que propició la parada del portero y el destino más amargo. El infierno esperaba. Y Hasselbaink marchó desconsolado.

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