LA INFORMACIÓN, UN OBJETO DE CINE MUY PODEROSO

Dicen que la información cada vez será más valiosa para las empresas en el entorno digital. Aunque esto no debería sorprender a nadie, ya que todo el mundo sabe que la información es poder en cualquier ámbito. De ahí que los tradicionales diarios de prensa se hayan convertido en grandes compañías de gestión de la información. Esta te permite conocer datos sobre hechos, descubrimientos o personas con los que puedes tener ventajas económicas, políticas o de salud. Con la información puedes influir a la sociedad a cometer el bien o el mal. Puedes usar esa información en beneficio propio, de terceros o de la sociedad en general. Y la información que reveles puede ser cierta o engañosa.

Ocultando o falseando la información

Siempre se ha dicho que jugar con la cuchara es de mala educación, pero jugar con la verdad es ruin. Porque puedes crear auténtico pánico en el mundo. O por el contrario puedes anestesiar el sentido crítico de una sociedad. Por ejemplo, ocultando o falseando la información para que los ciudadanos crean en hechos que nunca sucedieron o si lo hicieron son inexactos o confusos. A esto se le llama desde hace unos años la posverdad. Hay medios de comunicación que la denuncian, y medios de comunicación que la utilizan como base de su contenido. El oficio del periodismo tiene tantas vertientes como historias existen detrás de estas. Así, hemos conocido muchas de ellas a través del cine en diversos géneros: la comedia, el drama, el thriller político o el cine bélico.

El gran carnaval’ (Ace in the hole, 1951), de Billy Wilder.

Hemos visto historias de periodistas que aprovechan en su beneficio un accidente de un trabajador en la mina para crear un espectáculo alrededor de la víctima en lugar de denunciar las condiciones laborales en las que se encontraba en ‘El gran carnaval’ (Ace in the hole, 1951), de Billy Wilder.

En tono de comedia

En tono de comedia, hemos visto cómo el director de un periódico ha jugado sucio para retener a su mejor cronista en plantilla influyendo en sus asuntos personales y así cubrir la noticia de una sentencia judicial que estaba pendiente de fallar a favor o en contra de la ejecución de un asesino de un policía en ‘Primera plana’ (The Front Page, 1974), también del maestro Wilder.

Primera plana’ (The Front Page, 1974), de B. Wilder.

Personajes como el reportero Ron Burgundy en ‘El reportero: La leyenda de Ron Burgundy’ (Anchorman: The Legend of Ron Burgundy, 2004)‘Los amos de la noticia’ (Anchorman 2: The Legend Continues, 2013), ambas de Adam McKay, son la prueba de que los informativos de televisión no siempre buscan informar, sino entretener al público.

‘El reportero: La leyenda de Ron Burgundy’ (Anchorman: The Legend of Ron Burgundy, 2004), de Adam McKay

El cine se ha anticipado a la realidad actual

El cine se ha anticipado a la realidad actual de los medios de comunicación mucho antes con ‘Network: un mundo implacable’ (Network, 1976), de Sidney Lumet. Un ejemplo de la telerrealidad imperante en las cadenas de televisión hoy en día, llevándoles a luchar por la audiencia del público de tal modo que un presentador de informativos, al ser despedido por la cadena donde trabaja ante la baja participación de su programa, intente suicidarse en directo con tal de captar la atención de los telespectadores.

‘Network: un mundo implacable’ (Network, 1976), de Sidney Lumet

El sensacionalismo es una baza para aquellos medios que desean mayor repercusión de su contenido. En Nightcrawler (2014), de Dan Gilroy, hemos experimentado el morbo que genera la televisión para conseguir su objetivo, aceptando que un joven ambicioso y sin escrúpulos acuda al lugar del crimen o accidente y consiga pruebas materiales incluso antes que los cuerpos de seguridad.

Nightcrawler (2014), de Dan Gilroy

También nos hemos estremecido al conocer de cerca las situaciones que vive un reportero de guerra y los peligros a los que se expone en ‘Las flores de Harrison’ (Harrison’s Flowers, 2000), de Élie Chouraqui. Durante la guerra de Yugoslavia, al derrumbarse un edificio, se da por desaparecido al reportero Harrison, pero su mujer, incapaz de aceptar este anuncio, decide ir en su búsqueda, iniciando un viaje donde será testigo de la mayor crueldad humana.

Las flores de Harrison’ (Harrison’s Flowers, 2000), de Élie Chouraqui

La información de manera objetiva

El periodismo, como profesión liberal, no siempre transmite la información de manera objetiva. La ideología de las personas que dirigen un medio puede influir a la hora de narrar unos hechos, como se ha comentado arriba. Y cuando esto supone enfrentarse a los poderes públicos, este a veces actúa con abuso de su posición dominante para perseguir a quienes comulgan con ideas diferentes. Como sucedió en los años cincuenta en Estados Unidos con la «caza de brujas» del senador Joseph McCarthy y que fue llevado al cine por George Clooney en ‘Buenas noches y buena suerte’ (Good Night, and Good Luck, 2005).

‘Buenas noches y buena suerte’ (Good Night, and Good Luck, 2005), de George Clooney

Siguiendo con la sección de actualidad política, hemos conocido la verdad en un caso que paralizó un país entero en 1974, provocando la dimisión del presidente estadounidense Richard Nixon, una investigación periodística llevada a cabo por dos jóvenes redactores del The Washington Post en ‘Todos los hombres del Presidente’ (All the President’s Men, 1976), de Alan J. Pakula.

Todos los hombres del Presidente’ (All the President’s Men, 1976), de Alan J. Pakula

Este famoso caso Watergate por el que Nixon abandonaría la política dio motivo además para que el periodista británico David Frost invirtiera todo su capital en conseguir la entrevista más deseada en su momento por un periodista, la cual vimos recreada en ‘El desafío: Frost contra Nixon’ (Frost/Nixon, 2008), de Ron Howard.

‘El desafío: Frost contra Nixon’ (Frost/Nixon, 2008), de Ron Howard.

Los males que el poder puede causar en silencio

El éxito de un político no solo depende de su discurso y las promesas que cumpla, aparte es necesario rodearse de un gabinete de periodistas que manejen cualquier situación que pueda comprometer la carrera de un candidato a las elecciones durante la campaña, como hemos comprobado en ‘Los idus de marzo’ (The Ides of March, 2011), de George Clooney.

‘Los idus de marzo’ (The Ides of March, 2011), de George Clooney

Aunque uno de los auténticos valores del periodismo es la investigación que recoge información de testigos directos, víctimas y verdugos para fundamentar una denuncia social, como la que llevó a cabo también The Washington Post a principios del nuevo milenio sobre los escándalos de pederastia cometidos durante décadas por curas del Estado de Massachussets, trabajo en el que se basa la cinta Spotlight (2015), de Thomas McCarthy, para concienciar a la sociedad de los males que el poder puede causar en silencio.

Spotlight (2015), de Thomas McCarthy

Por algo lo llaman el cuarto poder

El periodismo, como vemos, ha estado ligado al control del poder. Es capaz de alzar o hundir la imagen de un personaje público, un colectivo o un sistema económico social completo. Aunque, de cara al futuro, los periodistas no solo tendrán que analizar y sintetizar datos reales, también códigos informáticos, más relacionados con las matemáticas y programación digital, para vigilar de cerca el tráfico de la información de interés para la sociedad, así como reforzar su propio código moral interno de la profesión para que el provecho de esa información no sea parcial.

Julian Assange detenido en la Embajada de Ecuador en Londres.

Como así hemos aprendido con el caso WikiLeaks, una organización sin ánimo de lucro que filtraba información confidencial de Estados y multinacionales sin revelar la fuente de origen, creando un embrollo difícil de justificar y que ha privado finalmente de libertad a su fundador Julian Assange por hacer tambalear los cimientos en la política internacional. Por algo lo llaman el cuarto poder.

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