MARGUERITE DURAS: LA RESISTENCIA AL AMOR

Hiroshima, mon amour (1959) es uno de esos títulos de cine clásico que reafirman tu militancia en el cine de autor o te alejan definitivamente de la poesía en movimiento. Porque puedes sentir que el diálogo que mantienen una actriz francesa y un japonés es una conversación tediosa hasta decir basta. O puedes encontrar cierta fascinación por el respeto y comprensión mutua que se tienen los protagonistas pese a la circunstancia de haberse conocido esa misma noche. Detrás de esta historia se encuentra Marguerite Duras.

Hubo personas valientes como Marguerite Duras

Se convirtió en una obra de culto desde su estreno por lo que representaba. Un cambio de actitud en la mirada de un hombre hacia una mujer. Pues evita juzgarle por el simple hecho de que le revele sus sentimientos hacia otro hombre, ya fallecido, en el crepúsculo de la noche. La libertad sexual era un tema tabú hasta entonces. Ahora es todo lo contrario, y la represión sexual queda muy lejos. Hubo personas valientes como Marguerite Duras que fueron el preámbulo de la liberación que vendría después.

Fotograma de la película.

Alain Resnais debutó dirigiendo esta cinta, cuando la nouvelle vague aún era un embrión. Aunque el guion lo firma una Marguerite Duras, que venía del mundo de las letras con éxitos como Le Square (1955) y Moderato Cantabile (1958). La historia narra el encuentro amoroso en un hotel de Hiroshima entre una joven actriz francesa (Emmanuelle Riva) que se encuentra rodando una película y un japonés (Eiji Okada) a la luz de la noche. Sin embargo, lo que comienza siendo una aventura sexual evoluciona en una relación más seria. Situación que lleva a la protagonista a recordar el sufrimiento que le causó no volver a ver a quien de verdad amó en su juventud. Un novio que fue llamado a filas para combatir en la gran guerra, experiencia que le obligó a mudarse de su pueblo natal, Nevers (Francia), para olvidar su pasado.

Sentirse libre en todos los sentidos

Marguerite conoció el placer desde temprana edad, pero también el odio que despertaba tener relaciones con un adulto de otra cultura. El amor, la muerte, el cruce de culturas entre oriente y occidente, el mundo de las artes o conceptos ideológicos como la libertad individual. Son asuntos que la escritora abordaría siempre en sus novelas y películas.

El libreto de la película, escrito por Marguerite Duras.

Su pensamiento merodeó el existencialismo de Sartre y Albert Camus. Aunque ella misma declarara siempre que le entrevistaban que no defendía ningún movimiento social, incluido el feminismo. Ante todo, era una persona que tomó ejemplo del país donde había crecido. El cual abrazó el comunismo para desprenderse de sus cadenas con el colonialismo europeo, para sentirse libre en todos los sentidos.

Tomar la importante decisión de qué ejercer en un futuro

De ese modo, aterrizó en París para entrar en la universidad. Como cualquier adolescente que pasa a la edad adulta, no había madurado lo suficiente como para tomar la importante decisión de qué ejercer en un futuro. Así, primero se matriculó en Matemáticas, que abandonó pronto para dedicarse a la política. Pero acabó volviendo a las aulas para realizar los estudios de Derecho. No obstante, mantuvo su faceta reivindicalista como militante del partido comunista, del que fue expulsada años más tarde por disidente.

Tráiler del film.

Aún tendría que resistir junto a otros intelectuales, entre los que se encontraba su primer marido Robert Antelme. La llegada del nazismo al país galo formando parte de una organización clandestina. Robert y otros compañeros cayeron en la trampa de la Gestapo y fueron deportados a campos de concentración en Alemania. En ese tiempo, Marguerite comenzaría un romance con Dyonis Mascolo, un amigo y compañero de dicha organización. Relación que duraría más allá del regreso de su marido de las prisiones nazis. A su vez, Marguerite intentó sin éxito liberar a su marido durante la guerra de Buchenwald seduciendo al agente Charles Delval. De ese estado de excepción nacería su hijo Jean, fruto de su relación con su amante, con quien contraería matrimonio después de divorciarse de su primer marido.

Marguerite Duras tenía una sensibilidad especial para escribir

Superados los años de la gran guerra, y tras convertirse en autora de éxitos literarios, inicia su carrera como directora de cine. Salvo el trabajo de su amigo Resnais, no le gustó el resultado de sus adaptaciones al cine por otros realizadores. De modo que, para que nadie más estropeara el encanto de sus historias, aprendió el oficio para que la cámara captara la misma luz que transmitía en sus escritos. Porque Marguerite Duras tenía una sensibilidad especial para escribir y plasmar emociones fuertes. También fue protagonista en aquel Mayo del 68, en el que daría cobijo en su apartamento a una nueva generación de intelectuales franceses.

Uno de los títulos de Marguerite Duras.

Ya en sus últimos años de vida, acompañada de su joven amigo Yann Andréa, naufragaba en botellas de whisky mientras escribía en la soledad de su vejez. Alcohólica reconocida, dejó la bebida por salud, y así resurgió con El amante (1984), obra con la que recuperó prestigio y fama. A diferencia de antiguos amigos y compañeros de la Resistencia, como François Mitterrand, quien presidiría la República francesa durante más de una década. Marguerite prefirió conceder entrevistas en prensa y televisión, donde dejaba detalles de sinceridad. Hay quien le achacaba un fuerte narcisismo, aunque tenía motivos para serlo. Pero la realidad era que no tenía obligación de ser cortés. En un mundo donde la mujer era considerada sexo débil, ella siempre dispuso de carácter bregando con cualquier obstáculo. Y prefirió apostar por la verdad más cruel, por darlo todo en una relación, por ser coherente con sus principios.

Por los amantes que nunca se reencontraron

Marguerite era toda una señora, de los pies a la cabeza. Y de pensamiento libre. Era un manantial de sabiduría del que muchas personas deberían beber. Aunque es cierto que algunos autores intentaron drenar de ese manantial para conseguir el premio de publicar sus memorias. Pero ella se negaba a que nadie escarbara en lo profundo de sus recuerdos. Siempre daba largas. Decía que con sus novelas bastaba para conocerla bien. Puede que tuviera razón. A veces, los autores de ficción escriben entre líneas, y quien sabe apreciar esto puede adentrarse en el alma del escritor. Y, en parte, su ingenio para desarrollar historias románticas, tanto en sus libros como en su películas, se nutría también de su propia verdad.

Entrevista a Marguerite Duras en sus últimos años.

Ahora se cumplen poco más de veinte años de su muerte a consecuencia de un cáncer de esófago -dañado de tanto fluir licor por sus venas-, pero ella sigue siendo recordada. Y no por sus escándalos ni por ser mujer intelectual, sino por ser una persona que hizo lo que quiso cuando quiso y como quiso, además de aportar grandes historias al cine y la literatura. Por la libertad. El placer. Y por los amantes que nunca se reencontraron.

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