LOS ASQUEROSOS: UNA ISLA DE MOCHUFAS

El sugerente título llama la atención del lector. Y su sinopsis termina por convencerte. ‘Los asquerosos’ cuenta la huida y posterior asentamiento de Manuel en una aldea abandonada en el interior de Castilla y León tras verse envuelto en una reyerta con un policía antidisturbios que se lanzó a por él sin motivo aparente en el portal de su vivienda en pleno centro de Madrid. En ese lugar deshabitado, sobrevive a base de una colección de libros Austral, vegetales que encuentra en el jardín y una pequeña compra que su tío, quien se erige como narrador omnisciente del relato, encarga semanalmente en el Lidl desde la capital. Aislado por completo, Manuel comienza a desprenderse de muchos hábitos adquiridos en esta sociedad, pero que ahora considera prescindibles para su vida diaria.

Los primeros asquerosos

Corría el año 2008 cuando el término mileurista se usaba vulgarmente para definir a aquellos jóvenes que trabajaban a tiempo completo realizando tareas por debajo de su formación profesional a cambio de una remuneración igual o inferior a mil euros. Una década después, es un logro serlo casi para la mayoría.

Uno de los asquerosos de 2004

En aquel momento, el sector inmobiliario y de la construcción crecía y crecía sin parar, de modo que las empresas constructoras necesitaban mano de obra para levantar sus edificaciones y urbanizaciones en cada solar libre que quedaba. Así que aquellos jóvenes considerados fracaso escolar se ponían el mono a cambio de una vida cómoda, ya que los bancos les concedían hipotecas para adquirir su diminuta vivienda a 40 años vista, el último modelo de BMW tuneado y los viajes a Ibiza que hicieran falta en período de vacaciones. No acabó el año y la burbuja estalló, paralizando un país entero -en términos económicos-, abriéndose un nuevo ciclo económico del que todavía sacude y que casi devora por completo el sistema. Fueron los primeros asquerosos.

Dar voz y rostro a las víctimas más vulnerables de esta crisis

Se trata del fenómeno de la crisis, que en innumerables ocasiones se ha comentado en la barra de bar, en las comidas familiares, en los medios de comunicación -creándose espacios de debate en prime time ad hoc-. Y así fue cómo toda esa rabia contenida por la clase media en extinción explotó un 15 de mayo de 2011 en la plaza de Sol, Madrid, acampando en tiendas todo tipo de colectivos, los cuales demandaban más voz que voto; y que derivó en la creación de nuevos partidos políticos en el país, cambiando el espectro de representación pública a todos los niveles. Como respuesta, el poder intentó reprimir libertades que hasta entonces se creían intocables.

Asimismo, generó una copiosa industria literaria -ensayos y análisis económicos que repuntaron la carrera de algunos economistas olvidados hasta la fecha, manuales de autoayuda e historias de ficción basadas o inspiradas a su vez en la realidad más cruda-. También el cine se atrevió a dar voz y rostro a las víctimas más vulnerables de esta crisis -los desahucios judiciales-, así como a los culpables morales -la corrupción generalizada en el sistema político-. Se buscaba la compasión, la empatía, la unión social, la fuerza; hacer reflexionar y enseñar al público que puede equivocarse de nuevo eligiendo a los peores gobernantes en cuanto la situación vuelva a normalizarse.

La versión española profunda de Robinson Crusoe

Sin embargo, una obra publicada a finales del año pasado recoge el testigo de toda esa amalgama para plantear el debate a la inversa. Y con un tono mordaz, corrosivo. Se trata del éxito literario ‘Los asquerosos’, cuyo autor, Santiago Lorenzo, ya ha recibido premios por él. Y muchas ventas.

Tal como anuncia la editorial Blackie Books, podría considerarse como la versión española profunda de Robinson Crusoe. Con la austeridad por bandera, un término que durante años se ha nombrado hasta la saciedad en el hemiciclo parlamentario. Destaca por su cuidada edición: una acertada portada colorista firmada por Guim Tió. Vestido con faja en la versión en papel, autores de la talla de Manuel Jabois o Mercedes Cebrián recomiendan su lectura. Algo que invita a leerlo con ganas. Es el regalo intelectual de la temporada.

Santiago Lorenzo ha reconducido su carrera como autor literario de éxito

Aunque procede en sus orígenes del séptimo arte, destacando su ópera prima Mamá es boba (1999), Santiago Lorenzo ha reconducido su carrera como autor literario de éxito. Sus historias se basan en personajes que muestran lo peor del ser humano. Y, sin embargo, consigue que el lector se apiade de ellos. Con una estructura muy clara, el ritmo de lectura la tiene cadencia. Como guionista experimentado que es, aplica sus conocimientos como narrador de historias. Su lenguaje vivaracho y auténtico destapa humor campestre. Una maniobra inteligente.

Santiago Lorenzo, el autor de Los asquerosos

Recuerda a los mejores Joel y Ethan Coen, a Miguel Delibes, a Berlanga, a José Luis Cuerda, a Javier Fesser. Pero también a Albert Camus, a Zygmunt Bauman, a Slavoj Zizek. Aunque eso no significa que sea un compendio de los anteriores. Más bien es el resultado de haber encontrado su propio estilo narrativo, sumado al ejercicio de protesta social. Es admirable su forma de escribir con actitud. Tiene la fuerza para atizar con todo su ingenio al statu quo, la mala praxis de muchos profesionales y el costumbrismo más casposo que nos representa.

Mochufa

Aunque el anuncio engaña. No es austero, sino sobrio. Pero, ¿cuál es la diferencia si ambos términos significan en apariencia lo mismo? La intencionalidad del objeto y, por ende, la hermenéutica de cada sujeto es crucial. Esta historia tiene un contexto y contiene un pretexto para ser escrito. No es lo mismo usar los mínimos elementos posibles por gusto estético, que aprovecharlos materialmente al máximo.

Y, sin embargo, esta calificación es compatible con la iniciativa del autor a la hora de aportar neologismos. Como el pegadizo ‘mochufa‘, que define precisamente a esos personajes -y personas- que son, básicamente, gilipollas. Tontos del culo. Ingenuos de la vida que se creen cualquier cosa que les cuentan. Una consecuencia de la posverdad. La gravedad de saber leer y escribir pero sin capacidad ni criterio para diferenciar la verdad del engaño.

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