DANIEL JOHNSTON: LA HISTORIA DE UN ARTISTA

La publicidad puede ser un medio ideal para contar historias maravillosas con las que presentar una marca o un producto. Es la manera de promocionar artículos cotidianos -necesarios o accesorios- transmitiendo emociones, dejando de lado la cuestión racional de su coste o precio. Todo un arte que pretende al fin y al cabo venderte la moto, por vender algo. Aunque existe tal cantidad de productos o marcas que se anuncian a diario en los medios de comunicación, sobre todo en televisión (y ahora, Internet en mayor medida), que es casi imposible conseguir captar la atención de los usuarios. Exceptuando aquellas marcas renombradas y superlativas (las conocidas por el público general) que apuestan por una publicidad con una sensibilidad especial para lanzar nuevos productos o mensajes subliminales. Como Apple con Daniel Johnston.

Daniel Johnston es uno de los personajes más influyentes del rock alternativo

En muchas ocasiones, estas campañas se valen de un tema o canción que ha marcado una época o tiene un significado valioso para que los usuarios reciban su dosis de entusiasmo. Que produzca en ellos una reacción casi visceral eleva el marketing de la industria al estadio trascendental del arte. Apple, la compañía tecnológica cuya incursión en la publicidad basada en emociones es el mejor legado de su fundador -el malogrado Steve Jobs-, ha lanzado una nueva versión de uno de sus productos estrella, el portátil MacBook, y para su campaña en TV e Internet ha utilizado como melodía el tema “Story of an Artist”. Su autor original, Daniel Johnston, es uno de los personajes más influyentes del rock alternativo. Aunque una triste historia rodea esta canción.

Anuncio de MacBook 2018 con el tema de Daniel Johnston

Así que esto hace pensar en la frivolidad que existe en la publicidad para asociar la belleza material con lo sublime. Conceptos que Kant insistía en diferenciar. No así sería con el trabajo de Daniel, pues sus letras dicen mucho de él, de su vida, de ahí que sus canciones sean genuinas. En el tema ‘Story Of An Artist’ es fácil detectar la fragilidad en su voz; casi se escucha un llanto, ya que cuando la grabó cantaba con la cruel verdad de un hombre con el corazón roto. Su estado de aflicción viene enfatizado por el modo en que aporrea las teclas de su piano eléctrico.

La frivolidad que existe en la publicidad

Y esta sinceridad cristalina apreciada en sus grabaciones fue ensalzada por artistas mayúsculos como David Bowie o Kurt Cobain. De joven, mientras servía hamburguesas en McDonald’s, componía, escribía e ilustraba las portadas de sus maquetas, grabadas en casete. Y con un puñado de estos casetes, viajó hasta Austin para participar en un programa de talento de la MTV. Como no conseguía despuntar, regaló sus cintas de manera altruista; una decisión acertada, ya que funcionó tan bien en la clandestinidad que se convirtió en artista de culto.

The Story Of An Artist (1982), de Daniel Johnston.

Desgraciadamente, Daniel no pudo controlar sus demonios cuando mejor le iban las cosas, y finalmente fue marginado por el gran público. Precisamente, hay una anécdota que hace alusión a su encuentro con el Diablo en sus inicios cuando se encontraba en Nueva York invitado por los miembros de Sonic Youth. Lo cuenta ‘The Devil and Daniel Johnston’ (Jeff Feuerzeig, 2005), documental premiado en su día en el Festival de Sundance. El contenido del film es fascinante y terrible a partes iguales.

The Devil and Daniel Johnston

No obstante, conserva un público fiel que compra sus discos y llena sus bolos en los escenarios pequeños de festivales de verano. El tiempo pasa, y su cuerpo resiste al deterioro debido a su enfermedad. Ya no es aquel joven desgarbado con mirada desorientada; ahora presenta un aspecto desaliñado, ha bajado de peso y su prominente barriga ha desparecido. Pero sus encías desdentadas siguen haciéndole cecear cuando habla o canta. Son los efectos de una diabetes combinada con un trastorno bipolar. Diagnosticado también con esquizofrenia. Y habiendo sido ingresado en un psiquiátrico después de consumir mucha droga. Como el LSD. Tampoco ayuda su adicción al tabaco.

Tráiler del film sobre Daniel Johnston.

Sin embargo, nada le paraliza a crear un universo fantástico en la casa de sus padres, donde la música de The Beatles cohabita con los dibujos del fantasma Casper y otros personajes animados que el mismo diseña. Dedica su talento a aquello que le produce placer, como crear una letra y melodía para el refresco Mountain Dew. Es su pasatiempo preferido. Redescubrir a Daniel Johnston es una oportunidad para creer en tus sueños, como cuando eras niño. Lo que sorprende es que siendo fanático de los Fab Four, entonces enemigos de la empresa de Silicon Valley por apropiarse de su fruto prohibido, el artista de Texas haya terminado inspirando un anuncio para la marca tecnológica. Será porque los genios acaban encontrándose.

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