NO ES TRIVIAL SABER QUIÉN ES ALTOLAGUIRRE

Una vez leí en una entrevista, por boca del artista entrevistado, que dentro de cien años nadie se acordará del nombre del Presidente que gobierna en estos momentos, pero sí de los artistas contemporáneos. Por desgracia, o al menos esa es mi impresión, esto no siempre es cierto. Porque casi siempre sucede lo contrario. Poniendo el ejemplo del Trivial, el famoso juego de mesa, es más fácil que la mayoría acierte antes la respuesta de la categoría amarilla -historia política- que la del color marrón -arte y literatura-.

Si jugaras al Trivial

Si jugaras al Trivial y tuvieras que responder quiénes formaren parte de la Generación del 27, contestarías con total seguridad Rafael Alberti o Vicente Aleixandre. Un poeta universal y un Premio Nobel. Pero si es necesario recordar más nombres, la dificultad aumenta. Sin embargo, me costaría creer que alguien no supiera quién es Miguel Primo de Rivera o Alfonso XIII. Al menos de quien ha cursado estudios de educación secundaria obligatoria. Mientras en Historia se enseña una extensa lista de nombres y fechas concretas, en Literatura se da un ligero repaso general sobre los miembros de uno de tantos movimientos intelectuales solo en el siglo XX.

Retrato de Manuel Altolaguirre por José Moreno Villa, 1949.

Profundizar sobre este tema dependerá del interés que tengas en conocer una época determinada y sus artistas influyentes. A veces los descubrimos solos, otras por recomendación de quienes nos aprecian. Conocer la base de nuestra cultura te ayuda a enriquecerte como persona, además de ganar la casilla marrón del Trivial. Aunque también sirve para crear tus propias convicciones sociopolíticas ya que, a través del arte, las personas expresamos ideas y opiniones que la sociedad recoge para llevar a cabo.

Abrir un debate

Los movimientos intelectuales suelen emerger en contextos políticos y sociales en crisis, con la finalidad de abrir un debate que dé respuesta a la incertidumbre general. Como el movimiento artístico que surgió en España en los albores de la segunda República. Eran los años veinte, una década marcada por la intervención militar en el gobierno de un monarca débil y sin pulso.

En aquel momento, jóvenes aristócratas decidían preparar su futuro en la residencia de estudiantes de Madrid. La educación que recibían era muy diferente a la que acostumbraba la Iglesia en el poder. Allí hicieron amistad grandes nombres del arte en general de aquella época. Federico García, Luis Buñuel o Salvador Dalí fueron los más destacados. Y demostraron que tenían algo que decir al respecto. Como romper con los tabúes de culpa que permanecían durante siglos. Y que cualquiera podía entender la poesía, el teatro o la música sin importar su nivel cultural e intelectual. Se hicieron notar con sus ganas de cambios importantes, alentando al pueblo a rebelarse contra el orden censor poco tiempo después. Así, se dieron a conocer públicamente primero por sus nombres, hasta que alguien los clasificó, pese al eclecticismo, como grupo, que rápidamente sería admirado y odiado a partes iguales.

No tuvieron la relevancia que merecían

Gracias a la investigación de historiadores y la publicación de trabajos por parte de los editores, se sigue descubriendo nuevo material de aquellos autores que formaron parte de ella pero que no tuvieron la relevancia que merecían. Conservar este legado nos permite seguir ampliando nuestro conocimiento sobre el auténtico espíritu de este movimiento.

Como le ocurre a Manuel Altolaguirre. Nació en Málaga en 1905, lugar de origen de célebres artistas. Formado en leyes por tradición -ya que su padre venía ejerciendo como abogado- colgó la toga pronto. Su vocación estaba en la edición y la imprenta, fundando revistas como Litoral. También traducía textos del inglés para publicaciones en España. Concha Méndez, poeta de la misma generación, fue su primera compañera sentimental, con quien dijo sí al matrimonio y tuvo una hija.

Reportaje en Canal Sur sobre Manuel Altolaguirre.

La guerra civil dejó huérfano de dos hermanos a Manuel, que decidió trasladarse a Cuba ante la amenaza de acabar siendo el blanco de la ira como su familia o su amigo Federico García Lorca, de quien ya se sabe todo. Hay quien califica su obra como menor, pero esto es solo en cuanto a repercusión. Porque la angustia que transmite en sus poemas debilita al corazón más fuerte. Ya en el exilio, como hombre de letras, escribió guiones de cine para películas que también producía. Fue íntimo amigo y colaborador de Luis Buñuel, con quien aprendió a dirigir en México.

Seas algo más que trivial

De ese modo, comenzó su incursión como realizador con una película que estrenó en 1959 en el Festival de San Sebastián. Por desgracia, cerrando el círculo, su viaje a España le costó finalmente la vida. Tras el estreno de su película, conducía junto a su segunda esposa en dirección a Madrid. Su coche volcó en un accidente de tráfico.

Manuel ha contribuido a la poesía española con una prolífica obra intimista en la que cualquiera puede verse reflejado. Cuando se cumplen sesenta años de su muerte, sus versos sobre amor, muerte y crisis personal siguen siendo actuales, como si no pasara el tiempo para ellos. Descubriendo su recopilación de poemas La islas invitadas (1936) me hizo ver que no importa el contexto histórico o social en el que hayas vivido, las personas compartimos sentimientos que nos igualan como persona. Así que si sabes expresarlos de alguna manera artística, como Manuel y toda su generación, no dudes en aprovecharlo. Porque, pasados cien años, puede que se acuerden de ti también. Y seas algo más que trivial.

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