ROMAN POLANSKI: EL PESO DE LA LEY

«Forget it, Jake… It’s Chinatown«. Con esa frase cerraba uno de los finales más turbios del cine de Hollywood. La pronunciaba Lawrence Walsh, que acompañaba al detective privado Jake Gittes, tras presenciar el trágico desenlace de Evelyn, clienta a su vez que amante. Han pasado más de cuarenta años del estreno de la cinta de Roman Polanski. Un título que se convertiría de inmediato en un clásico del cine negro.

Reflejo en la vida de Polanski

Ese comentario hacía referencia a un trágico suceso en el que el personaje  que interpreta un oscuro Jack Nicholson fue testigo directo en el peligroso barrio asiático cuando trabajaba como oficial en el departamento de policía de L.A. Este trauma de no poder olvidar unos hechos desagradables en mucho tiempo, bien podría ser reflejo en la vida de su propio director, Roman Polanski. Todavía hoy le persigue al realizador de origen polaco un caso de abusos sexuales con menores.

Jack Nicholson y Faye Dunaway en ‘Chinatown’, de Roman Polanski (1974).

En esta ocasión, el realizador, nacido en Francia, había sido invitado a presidir de manera honorífica la nueva edición de los Premios César, los Goya franceses. Sin embargo, desde su nombramiento, varias asociaciones de mujeres habían iniciado una campaña para que fuera cesado, aunque finalmente ha sido él mismo quien ha tomado la decisión de no participar en la gala. No tenía opción. La polémica estaba servida y la ceremonia tenía que continuar.

Fue un acto de cobardía

Le reprochan unos hechos que ya fueron denunciados y procesados. Sin embargo, la falta de una sentencia que condenara su probada culpabilidad en su momento no ha evitado que sea señalado como un monstruo. Tampoco ayuda que huyera de los EEUU tras declararse culpable ante el juez y fuera puesto en libertad bajo fianza cuando una menor le acusó de haberle drogado y violado durante una fiesta en la casa de unos amigos. Hay que decir que esto fue un acto de cobardía. Pero sus abogados negociaron con la otra parte un precio para que se retirara del juicio a tiempo.

Entrevista a Samantha Geimer, víctima de abusos por Roman Polanski.

Años más tarde, la propia menor, ya adulta, le perdonaría públicamente. Por suerte, las mujeres han dicho basta a estas prácticas abominables desde hace tiempo. Que estas personas lo tengan claro: el nivel de tolerancia es cero. Da igual qué cargo ocupen, cuanto más alto, peor será la caída. Porque es justo pedir que los halagos se acaben a quien utiliza su poder de influencia para sacar provecho lascivo. Pero, en este caso, las circunstancias son peculiares: el perdón de la víctima y el pago de una cantidad a espuertas condicionan esta última protesta contra Polanski. Aunque esto no esté bien decirlo, aquí el protagonista está excusado. Y es una pena. Como también habría sido una lástima que, por cumplir una condena, hubiese impedido a Roman filmar esa película sobre el horror y la angustia de sobrevivir al nazismo siendo un artista judío.

Hollywood, mirando a otro lado

Ese miedo de no saber qué ocurrirá mañana con tu vida solo podía retratarlo una persona como Roman, niño superviviente del mayor holocausto del siglo XX. Y la Academia de los Oscars se equivocó al premiar a su director y no su obra a mejor película, ya que de este modo el reconocimiento sería al equipo y no a quien llevaba la batuta. De algún modo, Hollywood, mirando a otro lado, fue cómplice en mantener el estatus de Polanski. Así que lo de evitar que presida por un día la Academia francesa del cine suena anecdótico, pero esta imagen perjudica al séptimo arte en general.

Su trayectoria fílmica ha sido irregular. Aunque en los últimos años ha estrenado títulos como ‘El escritor’ (The ghost writer, 2010), un thriller sobre las cloacas en la política de espionaje y las editoriales comprando los derechos de sus protagonistas. ‘Un dios salvaje’ (Carnage, 2011), una adaptación teatral sobre la incapacidad de dos matrimonios por resolver con diplomacia una pelea entre sus hijos. Trabajos que han recuperado su figura como autor de prestigio.

Quien pierde aquí es el cine

La Academia quiso tener un gesto de agradecimiento por su labor al cine francés, con el que ha colaborado estrechamente durante su carrera. Un cobijo donde ha demostrado sus artes como realizador y ha ocultado sus vergüenzas como persona. Ahora bien, esta decisión no fue tomada con responsabilidad porque, dados los tiempos que corren, lo mejor era descartar este nombramiento por provocativo. Las mujeres, y por extensión cualquier colectivo minoritario, van a seguir luchando porque se haga justicia. Nos lo merecemos todos. Porque una sociedad sana y libre se construye con amor, no con violencia.

Quien pierde aquí es el cine, o el arte en general, porque hay mentes perturbadas que tienen el ingenio de crear obras que admirar. Este será un dilema difícil de resolver en el futuro. Pero, como en tantas otras ocasiones, el cine también es capaz de superar a la realidad. Y posiblemente encontremos artistas, igual de inspiradores para el público, que no padezcan psicopatía. En el caso de Roman, esperemos que esté arrepentido de todo el mal que hizo y algún día nos lo haga ver. Por el peso de la ley.

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