EL PLAGIO DEL RECTOR EN LA REY JUAN CARLOS I

La formación académica suele ser un parámetro de la honradez de una persona. Pues se presupone que quien ha tenido acceso a mayor educación tiende a desarrollar el sentido crítico y respetar los códigos de buena conducta. Sin embargo, a lo largo de la Historia siempre han existido personajes de talla intelectual que han tumbado esta ecuación al descubrirse en ellos la falta de integridad moral. Como es el caso de plagio del rector de la Universidad Rey Juan Carlos I en la actualidad.

El caso de plagio del rector

Parece mentira que venga de una estirpe de intelectuales ligados al ámbito universitario. Pero todavía más que sea de la especialidad jurídica, donde los principios y valores son mucho más severos con la ética. Por eso, es lógico que el caso de plagio del rector de la Rey Juan Carlos I haya desatado tanta ira entre los medios de comunicación. Justo ahora que el sistema educativo está en el punto de mira. Sorprende que no haya provocado el mismo revuelo en el entorno afectado. Ni siquiera han lanzado un mensaje de condena generalizada, confesando algunos la tolerancia del sistema.

El rector de la Universidad Rey Juan Carlos I, junto a la plana política.

Empezó con que ese señor había plagiado fragmentos de textos de algún que otro colega para elaborar artículos de investigación. Y que ha terminado por revelarse que ha copiado hasta a su propio padre. Incluso se ha apropiado del trabajo ajeno para firmar su tesis doctoral. Lo que demuestra que, con esta estrategia y buenos amigos, cualquiera puede ser alguien en la universidad española sin hacer mucho esfuerzo. ¿Qué ejemplo pretende dar la universidad a sus estudiantes cuando consiente estas prácticas arteras de sus profesores?

Luego vienen los lamentos

Por no decir el desprestigio que supone, pues el gremio queda contaminado perdiendo credibilidad y fuerza de cara a una negociación colectiva respecto de leyes educativas. Luego vienen los lamentos cuando se publica la lista de universidades más influyentes del planeta al ver que, con cincuenta universidades, España no aparece ni en los primeros doscientos puestos. Y claro, qué mejor idea que crear una lista nacional, como si un extranjero fuera a enterarse de su publicación. Y si este suceso cruza las fronteras, ¿qué van a pensar de nosotros en general cuando representemos al país en reuniones internacionales para hablar sobre cuestiones creativas e intelectuales?

La Ley, en estos casos, es clara y contundente con el plagio. Considera lícito, conforme al primer párrafo del apartado 1 artículo 32 de la Ley de Propiedad Intelectual, que se incluyan en una obra propia, con fines docentes o de investigación, fragmentos de otras ajenas ya divulgadas a modo de cita o análisis con la condición de indicarse la fuente y el nombre del autor de la obra utilizada. Fuera de estos casos, el artículo 270 del Código Penal castiga con la pena de prisión (…) y multa (…) el que, con ánimo de obtener un beneficio económico directo o indirecto y en perjuicio de tercero (…) plagie (…), en todo o en parte, una obra (…) sin la autorización de los titulares de los correspondientes derechos (…). 

No esconder nuestras miserias

Sería conveniente no esconder nuestras miserias, como si el tiempo se encargara de hacerlas olvidar. Porque siempre pueden brotar de nuevo, resucitando viejos fantasmas. La solución pasa por crear mecanismos eficaces de control, pero entiendo que toda esa maraña de escritos solo sirva para promocionar, archivándose en carpetas sin que nadie más lo lea. Así que también debería reconsiderarse la finalidad de estos trabajos. Hay quien tiene la suerte de plagiar a William Faulkner sin haberlo leído, pero esto es una anomalía. Por contra, el docente universitario dedica muchas horas a investigar sobre un determinado asunto, por lo que es lógico que conozca cualquier obra relacionada que se haya publicado previamente.

Fragmento de la película ‘Amanece, que no es poco’, de José Luis Cuerda (1989).

No podemos afirmar que este plagio sea un caso aislado. Si bien abre la puerta a un debate que profundiza en nuestra tradicional picaresca. Es cierto que el mérito no siempre se premia en esta sociedad, y menos en España. Pero filtraciones como esta servirán para acabar con la mediocridad intelectual y no cesar en la búsqueda de la verdad.

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