EL HUMOR NEGRO Y SUS LÍMITES: CASO ZAPATA

El sentido del humor ha sido siempre una herramienta purificadora de nuestros males y una medicina para nuestra salud. Actúa como remedio para superar situaciones trágicas, recuperando emociones positivas en el ser humano.

El humor negro

El humor tiene tantas variantes de estilo como de público. En ningún caso se trata de una realidad objetiva, sino de ficción. Hay uno especialmente controvertido, el humor negro, denostado cuando la broma choca con temas tabúes o extremadamente sensibles. Normalmente en estos casos, el objetivo del chiste es reivindicativo, muchas veces molesto para el Poder. No se acepta siquiera la sutilidad en las formas a través de la ironía. Pero ya no es el insulto, sino el efecto social que pueda provocar contagiándose a otros medios de expresión y protesta.

‘El mito de Sísifo’, obra de lo absurdo, de Albert Camus.

A veces no hay respuesta a nuestras preguntas, pero no todo el mundo es capaz de aceptar nuestra irrelevancia en la inmensidad del universo. En cambio, descubrir el sentido de lo absurdo que nos enseñó Albert Camus nos ayuda a relativizar el sentido de nuestras vidas.

El caso Zapata

En la actualidad española, el caso Zapata se convirtió en una forma de frenar la euforia que el movimiento de la indignación había traído con el fin de desbancar a los partidos hegemónicos del Poder. Casi nunca tenemos constancia del efecto que puedan tener nuestros actos o palabras en el momento que los realizamos o las decimos. Y, pasado un tiempo, podemos llegar a arrepentirnos, y cualquiera de nuestros detractores intentará hallar sombras en nuestro pasado para desprestigiarnos. A nadie le importa lo que pensamos o decimos hasta que nos convertimos en objetivo público. Guillermo Zapata fue presionado para abandonar la política activa y procesado tras difundirse tuits sobre chistes ofensivos para algunos colectivos.

En este sentido, Internet es un arma de doble filo que puede volverse en nuestra contra al conservar las huellas que dejamos a nuestro paso. En el caso del concejal madrileño, la propia persona ofendida por su imprudencia pretérita llegó a perdonarle públicamente. Y, sin embargo, la actuación judicial siguió su curso en tribunal especial hasta que finalmente el señalado fue absuelto, pero el daño ya estaba hecho. Como era de esperar, este suceso dejó de ser noticia y, con el tiempo, nadie se acordará de esto. Es la farfolla de cada día para rellenar el espacio informativo. Por eso, nadie debería ser condenado si no es por aprovecharse vilmente de los demás. Otro asunto es el gusto de cada uno, pero nadie es quién para imponer su propio criterio.

La cultura no entiende de naciones

Poner límites a la ficción del humor denota una falta de tolerancia y comprensión de su verdadero sentido, porque funciona como un arma eficaz que remueve conciencias contra el abuso de poder. Y puesto que su interpretación es muy subjetiva, como quien contempla un cuadro de pintura, una foto o su propio entorno; la intervención judicial no se justifica a menos que sea para salvaguardar la honorabilidad del ofendido, pero debería quedar únicamente en manos de éste denunciarlo o no.

Declaraciones de Fernando Trueba que no ha sentado bien a los ‘ofendiditos’. Viva el humor.

Otra situación lamentable de nuestro país fue la campaña en redes sociales para boicotear el nuevo estreno de Fernando Trueba por unas declaraciones hechas tiempo atrás. Intencionado o no, ese fuego no debió encenderse. Reconozco no haberla visto, pero respeto mucho el trabajo y esfuerzo por hacer cine en este país. Si actuáramos igual cada vez que un realizador americano opinara sobre nuestro país, el suyo o cualquier otro, Hollywood no sería rentable. Es inaceptable la actitud que toman aquellas personas que desprecian la cultura en general, porque ésta no entiende de naciones. Y todo por unos comentarios, una vez más, sacados de contexto que el famoso estrábico, madrileño también, expresó cuando le entregaron el Premio Nacional de Cinematografía que se recuperaron para la causa sin conocer realmente su forma de ser y entender la vida. En ningún caso el premio, y su dotación económica, fue concedido por cuestiones patrióticas.

La nacionalidad solo sirve para reconocer nuestro lugar de origen y mantener un orden social, pero respetar la opinión de los demás es indispensable para convivir en comunidad. Así que, por favor, no perdamos los estribos.

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