KEVIN SPACEY: UNA CARTA EN EL OSTRACISMO

El mundo se desmorona lentamente. Y no hay vuelta atrás. Que grandes profesionales de éxito sean descubiertos como auténticos seres rapaces y mezquinos es una decepción. Se supone que llegaron a lo más alto porque daban ejemplo al resto. Cada vez es más difícil creer en la bondad de alguien. Pero todo se manipula sin llegar antes a la verdad, frustrando a quienes tienen referentes que se convierten en sospechosos. Como tú, Kevin Spacey. Ya no queda nada de lo que fuiste, ni tus premios ni tus buenos gestos.

Nos perteneces, Kevin Spacey

¿A qué temías por reconocer tu homosexualidad? ¿Quedarte sin papeles en Hollywood? Pues mira lo que has conseguido, ahora que sabemos que te aprovechabas de tu poder para sentir placer a oscuras. Da igual que finalmente no te juzgue un tribunal por falta de pruebas o porque el denunciante se niegue a declarar en contra tuya; tu historial queda manchado. Hiciste mal en mantener tu vida privada alejada de los focos. Sabes que tienes que contarlo todo, eres un personaje público. Nos perteneces, Kevin Spacey. Los personajes que interpretaste no son falsos, sino la prolongación de tu personalidad. Y si creemos que eres una persona sin escrúpulos, pues lo eres.

Kevin Spacey, mirando al futuro con incertidumbre.

Olvidaste que eras un títere de la industria. El ejemplo de que para actuar en Hollywood no necesitas ser el guapo, el galán o el atleta. Fuiste Ricardo III una noche en Avilés, y nos lo creímos. No estaría bien que ahora pensáramos que en realidad eras Hamlet. Que contaran contigo para conducir un concierto especial en tributo a John Lennon, y que te atrevieras a cantar Mind Games con el corazón en la mano. Que te comprometieras a recaudar fondos para las víctimas del 11-S, como si hubieses vivido en Nueva York, te hiciera sentir el dolor con el corazón en un puño. Compararte con el legendario músico y activista por la paz. Nos engañaste. Por favor, qué indecente.

Llegará alguien que te haga olvidar

Que los medios reprochen tu actitud es más que justo. Que Hollywood decida prescindir de tu talento es rentable. Como si el éxito de una serie dependiera exclusivamente de ti. Como si cualquier otra actriz no pudiera relevarte. Que Ridley Scott decidiera suprimirte del montaje sustituyéndote por otro actor por ‘Todo el dinero del mundo’. Es comprensible que tus fans te den la espalda por tus acciones fuera de los escenarios y platós. Y que tus víctimas no te denunciaran cuando cometiste abusos es coherente.

Kevin Spacey interpretando ‘Mind Games’, de John Lennon.

Ya no podrás participar en proyectos en los que puedas desarrollar todo el arco dramático posible. Que Philip Seymour Hoffman o Robin Williams no estén entre nosotros no significa que no tengas sustitutos. Seguro que llegará alguien que te haga olvidar para siempre. Los productores empezaron a fijarse en ti porque en ‘Glengarry Glen Rose’ (James Foley, 1992) te enfrentaste en pantalla a un duelo con Al Pacino, Ed Harris, Jack Lemmon, Jonathan Pryce, Alan Arkin y Alec Baldwin. Pues no era para tanto. Eras el único desconocido. Pero cualquiera lo habría hecho igual.

Consecuencias que ni tú esperabas, Kevin Spacey

Este escándalo ha tenido consecuencias que ni tú esperabas, Kevin Spacey. Ahora ya nadie se acuerda de ti. Tampoco te llaman para preguntar cómo estás. Seguro que estás bien, que nada te afecta. Siempre fuiste un tipo de piel dura. Si la Justicia no te condena a prisión, no importa. Ya has sido desterrado por ostracismo, como en la Grecia antigua, precisamente donde se originó el teatro que tanto conoces.

Comparación del tráiler de ‘Todo el dinero del mundo’ con y sin Kevin Spacey.

Qué haremos ahora cuando veamos una de tus películas, como si hubieras hecho pocas y no fueran conocidas. ¿O serán descatalogadas para que nadie más vea tu rostro? Que Hitler enviara millones de judíos a cámaras de gases no evita que sus imágenes se rescaten cada poco tiempo o se hagan películas sobre su figura. A lo mejor consigues que se haga una película sobre ti. Si sigues vivo, podrías ser candidato a protagonizarla. Di la verdad, te sientes cómodo haciendo comedia. Pero, con mucho terror, lo tuyo es el drama.

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